Golf y radio

Hoy es el día Mundial de la radio, una fecha señalada por la UNESCO “con el propósito de celebrar la radiodifusión, mejorar la cooperación internacional entre las emisoras de radio y fomentar la toma de decisiones para crear y proporcionar acceso a la información a través de la radio, incluyendo las radios comunitarias. Es una ocasión para llamar la atención sobre el valor único de la radio, que sigue siendo el mejor medio para llegar a la audiencia más amplia, al tiempo que evoluciona hacia nuevas formas y dispositivos tecnológicos”. O al menos así la describe la Organización Internacional en su página web.

radio_telefunken

Lejos de recordar el nacimiento de este cotidiano medio de comunicación, lo único que pretendo aportar aquí es el humilde sentimiento que en mí genera este invento. La radio es emoción, es sentimiento, es pasión, inmediatez… precisamente, considero que la inmediatez es el epíteto que mejor caracteriza a este sistema de difusión. Apenas es necesario un teléfono móvil, una pequeña emisora y una antena, para que la magia fluya y llegue a los oídos de cientos de personas. Esa magia de la que hablo, seguro que muchos de vosotros la habréis sentido en algún momento, con alguna radionovela que os tendría intrigados durante el día, con bromas telefónicas, con trascendentes noticias que revolucionaron nuestros días e incluso con míticos eventos deportivos.

La primera radio con la que trasteé de pequeño fue una muy similar a la de la imagen que encabeza este post. Aparato que todavía conservo en perfecto estado y que, sorprendentemente, todavía funciona. Si mal no recuerdo, fue la radio que mi anciana abuela tenía en su casa cuando todavía residía en Extremadura, región de algunas de mis raíces. Aquella radio era la primera que se veía en el pueblo. Todavía conservo en mi memoria las historias que me contaba, cuando encendían aquella caja embrujada que emitía seductoras voces que atraían a todos los vecinos de la calle, hasta la plaza. Voces como la de Luis del Olmo, José María García, Iñaki Gabilondo, Paco González, Gaspar Rosety, Pepe Domingo Castaño, Matías Prats, Manolo Lama, José Ramón de la Morena o Carlos Herrera, entre otros, marcaron mi más temprana infancia y me animaron a dedicarme, en la medida de lo posible, a lo que hoy hago, radio.

A veces me pregunto cómo habría sido mi vida sin ella. Doce años se dicen pronto, pero quedan grabados a fuego en mi memoria. Desde que realicé mi primera conexión en directo, desde el Campo Anexo de Elda, en un encuentro de la desaparecida Nueva Fraternidad, hasta ayer mismo cuando cerrábamos la emisión con un “Sed buenos”.

Ya sé que este post se aleja de la temática habitual de Numerosiete, pero no podía dejar pasar esta oportunidad de evocar el pasado, de sentirme orgulloso de haber tenido la oportunidad de dejar una minúscula huella en este espectáculo que es la radio y de dar las gracias a todos los que me han acompañado en este viaje en alguna ocasión.

Lo dicho, sed buenos.